Corredora de fons

Amiga, la vida no és una cursa contrarellotge. No és cap cursa per veure qui és més guapa en l’adolescència, ni qui lliga més, ni qui es desvirga abans. No és cap cursa per comprovar qui perd més quilos en menys dies en la joventut, ni tampoc per demostrar qui pot tenir més fills sense epidural o qui pot alletar durant més mesos. Ni tan sols és cap cursa per conèixer qui té més traça educant els fills o qui té més paciència per no fotre’ls un calbot quan el límit ha estat esparracat.

Oblida’t, bonica, la vida no és cap cursa per arribar a saber qui gestiona millor les emocions, qui és més equilibrada, qui té més amor per donar o qui és més espiritual, qui menja més bio, o qui manté més relacions sexuals amb el seu senyor company. La vida tampoc és una cursa per veure qui fa menys panxa, qui dissimula més els cabells blancs, les arrugues o qui té l’amant més jove.

De debò, preciosa, que la vida no és cap cursa. Deixa de córrer i d’estar pendent per si et veiem com ho fas. Que ho fas molt bé, maca.

Tranquil·la, eres la més guapa a l’insti, la que vas lligar més, la primera desvirgada. Perdies molts quilos en pocs dies, vas parir els teus quatre fills sense epidural, els vas donar teta fins poc abans de la pubertat, vas tenir molta traça educant-los i mai, mai, no els vas fotre un calbot. Ets la que millor gestiona les emocions i la que dona més amor a tort i a dret. Ets molt espiritual, acaricies amb les puntes de l’ànima el teu déu cada dia, ets tan especial… Menges de puta mare i folles amb el teu home tot sovint i (humm!) de quina manera. No fas gens de panxa, ni es noten els teus cabells blancs, quasi no fas arrugues i segur, segur, que tindràs l’amant més jove i més literat de tots, si algun dia t’ho proposes.

Ho trobes ridícul? Doncs corres per això, reina, per arribar a la ridiculesa.

Bona sort, corredora de fons.

avorriment

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NO LUCE BONITO QUEJARSE

Ya, ya sé que no luce bonito quejarse.

sorry

Ya, que encontráis raro que ahora, de sopetón, escriba en castellano, siendo yo catalana de nacimiento y empordanesa de adopción.

Pero claro, digo yo que a quien coño le importará si me quejo o no y en qué idioma lo haga, ¿verdad? Juro que no hay nada político detrás de este escrito.

Es que esta semana estuve hablando con una (que no una cualquiera) que justo habla mucho en castellano (básicamente porque es su lengua materna y, aunque vive aquí y se defiende estupendamente en catalán, pues bueno, que se la ve más cómoda luchando en castellano), y nada, que se me pegó un poco y hoy, como que parecía que la queja me gorgoreaba, al decidir escribir mis penurias, han empezado a salir a borbotones palabras en español. ¿Y para qué disimular? ¿No es de lo más chic poner titulitos en inglés y usar locuciones en francés? Pues venga, que un día es un día, y así practico un rato, que no creo que me pase nada grave (si mañana no oís nada de mi en las redes sociales o me encontráis llorando por la calle será que mis amigos creen que he perdido lo poco in que tenía y prefieren que sepa alemán a castellano, retirándome su amistad virtual o presencial).

Lo dicho, que he empezado a escribir y mis genes aragoneses se han revuelto un poco dentro de las celulitas y me estoy dando cuenta de que mucho más incómoda que escribiendo en catalán no me siento, no…

Pero yo pasaba por aquí a quejarme, ya lo he dicho, auque aún no haya empezado. Voy.

Me cago en la gente que te quiere cuando le sirves pero que te olvida cuando ya no. Me cago en esas personas y les retiro para siempre mi intimidad. Porque otra virtud no tendré, pero fiel a mis amigos soy, paciente con sus chorradas también, empática y comprometida, la que más, pero gilipollas ya no. Que aunque me guste ayudar, escuchar y divertirme a trochemoche, también necesito mi dosis diaria (o con pocas deficiencias ocasionales) de vitamina C; C de caso, de consideración, de cariño. Así que supongo que por fin, después de 39 años, empiezo a comprender que no todo el mundo da lo que recibe y, sobretodo, estoy preparada ya a no esperar nada de lunáticos, egoístas e interesados. No prometo (tampoco nos pasemos, que un poco imbécil sí soy) dejar de ofrecerles lo que me venga en gusto darles.

Me cago en la manía que tienen algunos de criticar a destajo a cualquier persona que no entre en sus patrones de persona normal (y ya no digo de persona “guai”). Véanse casos de personas espirituales, personas que abrazan árboles, personas con problemas mentales o gentes demasiado creativas, que son objeto de burlas y acumulan el desprecio de los intolerantes hacia su trabajo o personalidad. Iros a freír espárragos. No sois ni la mitad de lo que os creéis y, además, estáis llenitos de prejuicios y malas vibras, seguro que si os miráis al espejo jamás estáis espléndidos, sino que os veis pálidos y con los ojos opacos. Eso no es de trabajar encerrados frente al ordenador, no, eso es que vuestra cerradísima mentalidad no deja entrar ni un poco de luz fresca tolerante para traeros felicidad más allá de las apariencias.

Aunque he tenido muchas más razones para cagarme en alguien esta semana, creo que por hoy ya he publicitado suficiente. De hecho empiezan a fatigárseme las neuronas castellanas y me da miedo que los genes valencianos sientan celos y reclamen su espacio entre estas líneas.

Ala, buenas noches a todos los buenos amigos que aún tengo, os quiero. Y a los obtusos, que os den morcilla.